Señores congresistas:

Hace un año, en el bicentenario de nuestra independencia, comenzaba un nuevo periodo parlamentario con la elección de una Mesa Directiva que me otorgó el honor de ser presidenta del Congreso, ha significado para mí la mayor responsabilidad de mi vida. He sido fiel a mis principios y a las convicciones morales y políticas heredadas de mi formación familiar y partidaria. Si en el ejercicio de esta alta responsabilidad he cometido algún error, pido sinceramente disculpas al pueblo peruano, porque errores puedo cometer, pero jamás renunciaré a los principios morales como la honestidad y a la convicción democrática para defender la institución parlamentaria y el Estado de Derecho.

Agradezco a quienes me acompañaron durante esta gestión, comenzando por la primera vicepresidenta Lady Camones, el segundo vicepresidente Enrique Wong y la tercera vicepresidenta Patricia Chirinos, quienes trabajaron a mi lado, comprometidos totalmente con los objetivos planteados desde el inicio. Del mismo modo, agradezco a todas las bancadas del congreso, con cuyos representantes hemos conversado siempre y más allá de las discrepancias hemos podido coincidir en temas importantes para el país. Les consta que mi promesa inicial de tener las puertas abiertas de mi Despacho para todos sin distinción, fue cumplida cabalmente con la mayor vocación para el diálogo democrático. Agradezco también a mi equipo de asesores y colaboradores en la presidencia del congreso, del mismo modo a los funcionarios de las diversas áreas del Parlamento, así como a todos los trabajadores que demostraron compromiso con la institución y muchas veces tuvieron que quedarse hasta altas horas de la noche para seguir trabajando.

Finalmente, quiero expresar mi gratitud a mi familia, por su comprensión y apoyo constante. Ha sido un año con muy pocas horas compartidas con ellos. Me fortalece tenerlos siempre a mi lado, sabiendo que el compromiso con el país debe ser tomado con la responsabilidad que requiere participar de la construcción del futuro.

Termino como comencé, recordando al presidente Fernando Belaúnde, quien dijo: “Cualquier sacrificio que pueda haber en el desempeño de la función pública tiene como alta compensación, aún en las circunstancias más adversas, el invalorable fruto de la vigencia de una auténtica democracia”.

En uno de sus últimos mensajes, Belaúnde nos dejó como testamento político, que “si cumplimos con nuestros deberes partidarios y patrióticos, si luchamos por la permanente implantación de la democracia, estaremos recibiendo desde el más allá, el eco de su voz fraternal y aprobatoria”.

Como acciopopulista, he defendido la democracia y el fuero parlamentario. Tarea cumplida, señor presidente.

Muchas gracias.