Votar es un derecho y un deber. Se trata de algo tan importante como encomendar el buen gobierno a los electos que habrán de organizar y promover el bien común, es decir, unas condiciones políticas, sociales y económicas que hagan posible un deseado nivel de calidad de vida. Hoy ya sobran las descalificaciones e injurias. Suponemos que el valor del respeto es uno de los pilares de nuestra vida civilizada.

La demostración cívica no se agota en la cantidad de votos emitidos, computados y otorgarán el poder a unos pocos, sino que debe vincularse a un ámbito más ambicioso: la profundización de la democracia. Son tiempos en que no se deben abdicar a los principios y promesas que se esgrimieron para alcanzar el poder. Que el  “miente, miente que algo queda” sea una frase sin asidero y ojalá por siempre, ridícula.

Estamos llamados a respetar el veredicto de las urnas. Es hora de demostrar humildad, generosidad y respeto, entre ganadores y perdedores. Los favorecidos deben tener la entereza, humildad y sabiduría para anticipar que no les será posible hacer un buen gobierno sin la colaboración de otros movimientos políticos. No pueden embriagarse de triunfo.

Los que sufren la decepción por la derrota, deben tener la generosidad de poner a nuestros distritos y provincias – aguardándose una segunda vuelta para la elección del gobernador regional – por encima de su desazón e intranquilidad y ofrecer con sinceridad su respaldo a los electos en la común tarea de sacar a Pasco, adelante.

Las propuestas planteadas están escritas para ser repasadas al día después de las  elecciones y ponerla en ejecución en lo que vaya a significar el mandato durante los próximos años.