
Por Roberto Carlos QUINTANA VILLAVICENCIO
Lic. en Filosofía y CCSS
Estamos viviendo el mes de la juventud, la edad de oro, la edad de la fuerza, el combate y la mayor fragilidad.
Los cirenaicos antiguos filósofos griegos sostenían que la juventud es la edad del probar, experimentar, aventurarse, irse por lo prohibido, apostar por lo desconocido y caminar por los senderos indebidos que nos alertan los adultos.
Pero Sócrates el filósofo discrepa de los Cirenaicos porque él sostenía que la juventud debía encontrar su propia verdad, decidir por sí mismos sin dejarse llevar, ser críticos y no dejarse dominar por las pasiones y que hagan lo que hagan sea para encontrar la felicidad porque no hay nada mejor que hacer que sea por vocación y no condición u obligación que es lo peor para un joven.
El antiguo filósofo Demócrito, si el descubridor del arjé, sostenía que la juventud debiera aprovechar el momento, la ocasión, la vida ya que la vida sin fiestas es como un largo camino sin posada, sin descanso.
El Rabí de galilea la tenía claro en cuanto al rol de la juventud, alguna vez un joven le pregunto que debo hacer para ser salvo y El nazareno le contestó “vende tus riquezas y el dinero dalo a los pobres, luego ven y sígueme” el joven se fue triste relata el evangelio porque amaba sus propiedades. Ser joven y ser seguidor del evangelio de Cristo es una de las tareas más difíciles para todo joven sea católico o cristiano. No es fácil seguir en la juventud una religión.
Posteriormente aparece el filósofo de la duda: Descartes y le da una fórmula excepcional a la juventud para lograr el progreso y éxito: Cogito ergo sum. Renato Descartes le dice a la juventud piensa luego obra, reflexiona, luego actúa, cavila luego a la acción. ¿Pero qué hacen algunos jóvenes? primero actúan y luego piensan.
Ya en la modernidad nace la voz que despierta a la juventud proletaria del mundo, a través de Karl Marx el problema de la juventud se acentúa no en ser feliz o tener éxito sino en alcanzar la cúspide a través de la lucha de clases. Marx logra que la juventud oprimida no sea por siempre servil ni utilizada como simple instrumento de cambio, sino que con ellos se hacen los cambios, pero no las reformas simples sino las metamorfosis estructurales de la sociedad.
Ya en esta época aún suenan los ecos del pensamiento filosófico de Schopenhauer el filósofo irracionalista que nos enseñó que, a pesar de esta vida llena de horrores, de sufrimiento y de hosquedad el hombre tiene el poder de la voluntad para sobresalir. La juventud tiene ese poder, el de la voluntad ya que cuando a un joven le dices: “querer es poder” todo lo logra.
Termino esta reflexión sobre el rol de la juventud con la conversa que tiene Pablo con el joven Timoteo cuando le dice: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo … en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” 1 Timoteo 4:12
