“La crianza de alpaca es la principal actividad pecuaria desarrollada en las zonas altoandinas, afirma el Midagri”

Con más de 4.3 millones de ejemplares de alpacas, el Perú posee la mayor población mundial de esta especie (el 87 % de ejemplares), con ejemplares de las razas Suri y Huacaya, destacó hoy el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), a propósito de conmemorarse hoy el “Día Nacional de la Alpaca”.

De acuerdo con la Resolución Ministerial N°429-2012-AG, cada primero de agosto se celebra el “Día Nacional de la Alpaca”, con el objetivo de revalorar su crianza, su riqueza genética que contribuye a la economía familiar del poblador andino, y el aporte que representa a la seguridad alimentaria y nutricional, la diversidad cultural para el ecoturismo y tecnologías generadas que en ella envuelven y, de esta manera, estimular el consumo de sus productos y subproductos.

El Midagri resalta que, por ejemplo, la crianza de alpaca es la principal actividad pecuaria desarrollada en las zonas altoandinas, por encima de los 4,000 metros sobre el nivel del mar, representando el 80 % de los ingresos económicos de 82,459 productores alpaqueros, principalmente situados en  Puno, Arequipa, Cusco, Huancavelica, Ayacucho, Pasco, Apurímac, Junín, Tacna, Moquegua y Lima (sierra).

Del mismo modo, los pequeños criadores perciben el 50 % de sus ingresos de la venta de fibra, así como el 45 % de la venta de carne y el 5 % de reproductores y otros. Durante el 2020, la producción nacional de fibra alcanzó unas 4,352 toneladas y de carne alrededor de 12,363 toneladas (SIEA, 2020).

También la carne de alpaca es un alimento valioso por sus altas bondades nutricionales, por contener el 24 % de proteína y  su bajo nivel de grasa (1.8 %), en comparación con otras especies pecuarias. El consumo per cápita de carne de alpaca alcanza los 0.39 kg/hab/año y de llama de 0.12 kg/hab/año.

La crianza de alpacas, además, de producir una de las fibras más finas del mundo se desarrolla en armonía con el medio ambiente haciendo sostenible el ecosistema altoandino. Esto debido a que contribuye a la conservación de las pasturas naturales y garantiza el abastecimiento de agua para valles altoandinos. Asimismo, con la fibra se pueden confeccionar prendas ecoamigables con más de 23 tonos de colores naturales.