Hace 163 años partía a la inmortalidad después de ofrendar su vida en busca de una cura para “la fiebre de La Oroya”, que mató a más de 10,000 peruanos en el siglo XI

El mártir de la medicina, Daniel Alcides Carrión García, nació en Cerro de Pasco el 13 de agosto de 1857. Fueron sus padres don José Baltasar Carrión, médico nacido en Loja, Ecuador, y doña Dolores García Navarro, oriunda de Quiulacocha, caserío de Cerro de Pasco.

Daniel Alcides falleció 38 días después de inocularse el mortal virus. “Dejó este mundo víctima de su temerario arrojo. Su objetivo era estudiar el mal en su propio cuerpo y encontrar cura para esta terrible endemia”, se lee en la prensa de la época.

Presente en la guerra

Hacia 1885, el país acababa de salir de la infausta Guerra del Pacífico (1879-1881), en la que Carrión participó asistiendo a los soldados heridos en el frente de batalla. El héroe fue practicante de cirugía.

Por aquel tiempo, él estudiaba en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y cumplió su deber de defender a la patria en los momentos más dramáticos.
Luego del conflicto, se dedica al estudio de la verruga. A finales del siglo XIX, durante la construcción del Ferrocarril Central de Lima a Huancayo y Cerro de Pasco, se declaró una epidemia caracterizada por fiebre alta, anemia y gran mortandad entre los obreros que trabajaban en la obra.

Plaga sin cura

Durante su martirologio hace observaciones sobre la naturaleza y síntomas del mal. Sus investigaciones permitieron atacar la enfermedad con eficiencia y salvar vidas.
En total fueron nueve las historias clínicas que elaboró mientras “la fiebre de La Oroya” minaba su cuerpo.

Teodoro, hermano menor de Carrión, lo asistió en aquellos momentos de dolor, mientras su madre permanecía en Cerro de Pasco, acongojada por las trágicas noticias que llegaban desde Lima.

En la agenda médica que recoge los momentos dramáticos del sacrificio de Carrión se lee: “A las 11 a. m. del cuarto día de la inoculación nos manifestó su deseo de ser trasladado al Hospital Francés para practicarle una transfusión sanguínea, dada la gravedad de su estado”.
“Procedimos a vestirlo y lo colocamos en un sofá mientras se preparaba la camilla en que debíamos conducirlo. Pide un cigarro. Lo fuma tranquilamente”.

“Al anunciarle que todo estaba listo, se dirige al señor Yzaguirre, alumno del primer año de medicina, con estas palabras solemnes: ‘Aún no he muerto, amigo mío. Ahora les toca a ustedes terminar la obra ya comenzada, siguiendo el camino que les he trazado’”.

Anotaciones finales

En una de las últimas anotaciones se lee: “A las once de la noche sintió gran decaimiento y postración. Media hora después padece fuertes escalofríos, cortos y repetidos. Su estado es muy grave”.

Los médicos que lo asistían descubrieron manchas violáceas en su pecho, mientras que el rostro se llenó de puntitos carmesíes. “Tengo sed”, gimió el héroe en los momentos finales. Minutos después, falleció. Era el 5 de octubre de 1885.

Solemne y dolida fue la ceremonia que precedió a su última morada. Asistieron sus condiscípulos de la UNMSM, maestros y el pueblo.

En su recorrido, el cortejo fúnebre pasó por la plazuela de la Inquisición (hoy plaza Bolívar, frente al Congreso de la República) hasta el cementerio Presbítero Maestro, en los Barrios Altos. Al año siguiente de su sacrificio, la Sociedad Médica Unión Fernandina le tributa solemne homenaje. En 1887, se le erige un mausoleo donde descansan sus restos. Al mismo tiempo, la importante revista de la época, Perú Ilustrado, le dedica su portada en reconocimiento a su abnegada labor.
Bertilo Malpartida Tello en su libro sobre Carrión afirma: “Era de buena figura nuestro héroe. Valiente. Ofrendó su vida en aras de la ciencia. No fue para conseguir bienes materiales ni panegiristas; lo hizo para proteger a la humanidad doliente”.

Una profesión de servicio

“Los profesionales como  Médico del Perú, deben reconocer el mensaje de Daniel Alcides Carrión y hacer recordar a todos los médicos que esta es una profesión de servicio.  Y tener amor a la patria, darse un tiempo también a la salud pública”, “Carrión es ícono de los médicos y patrono de la medicina peruana. Es uno de los peruanos más importantes de la historia”.

Definitivamente

Daniel Alcides Carrión es el ícono paradigmático, mártir, héroe, maestro y patrono de la Medicina peruana; honor y méritos concedidos por eminentes maestros y sabios de la Medicina peruana en el curso de los siglos XIX, XX y XXI, que juntos han dado gloria a la Medicina en el Perú y es meritorio divulgar su hazaña y su sacrificio para ejemplo de las nuevas generaciones. Por azares del destino, Carrión nació en el siglo de la Independencia en el Perú y en el siglo delos descubrimientos en la humanidad. Se modificaron sustancialmente el concepto de la vida, con la «teoría de la evolución de las especies», de Darwin, y el concepto de las enfermedades, con la «teoría de los gérmenes», de Pasteur. Y Carrión, a pesar de su corta edad, participó directamente en dichos cambios, a costa de su vida, sin esperar ninguna recompensa. Ese acto le hace merecer el reconocimiento eterno, no solo del Perú, sino de la humanidad, pues es un ejemplo para forjar un mundo mejor.

Lic. Oscar BONIFACIO VARGAS