Prof. José Luis Aranda Rojas

CRÓNICA  ARREBATADA  AL OLVIDO Y AL RECUERDO

 

Tu se’ lo mio maestro e lo mio autore:

tu se’ solo colui da cui io tolsi

lo bello stilo che m ha fatto onore.

 

Dante ALIGUIERI

“La Divina Commedia – Inferno - CANTO I- Terceto 29”

 

Cuando mi amigo Eduardo me propone escribir sobre uno de mis mejores maestros que tuve en la UNDAC, en mis tiempos de pre grado, fue una invitación a desentrañar en mi memoria viva de estudiante universitario, la figura rutilante del maestro Luis Pajuelo Frías. 

            Entonces me veo caminando, no por las rectas y asfaltadas calles de la ciudad de San Juan ni menos en lo que llaman ahora una constreñida ciudad universitaria, sino más bien ensuciándome los zapatos de polvo o de barro camino a Pucayacu donde se ubicaba la Facultad de Educación; dispuesto a aprender de mis maestros que entonces tenían nombres que aún no he olvidado: Eduardo Mayuntupa, José Tapia Aza, César Pérez Arauco, César Pérez Curisinche, Samuel Cárdich, Oswaldo Ventura entre otros, y por supuesto Luis Pajuelo Frías.

            Antes había sorteado ya el examen ordinario de ingreso a la UNDAC. No había, entonces, Centro Pre, ni convenios, tampoco nuestros padres nos acompañaban –como debía o debe ser- en aquel proceso o trámite. Al inicio, todo aquel que era del Nivel Secundario debía pasar primero por una prueba-entrevista que definiría la especialidad a seguir. Después del diálogo con el profesor Vicente Gonzales Peralta supe que había acertado con la especialidad de Lengua Literatura.

            Posterior a los estudios generales teníamos que acercarnos a la especialidad y fue allí que conocí por primera vez al profesor Pajuelo Frías. Y en el curso de Lecturas Literarias, que para mí resultó muy ilustrativo e interesante, fui descubriendo muchos nombres y obras que más tarde se convertirían en mis predilectos y luego supe que eran los predilectos del maestro.

            En sus clases, que eran muy interesantes y amenas, no sólo por la metodología sino por la variedad y exigente selección de autores y obras que se tratarían en ella. Ante mí fueron desfilando nombres como Gustave Flaubert, Dante Alighieri, Borges, García Márquez, Byron, Richard Bach, John Steinbeck entre los de la literatura universal, pero también entre los autores peruanos que conocía estaban los de Juan Gonzalo Rose, César Vallejo, el Mario Vargas Llosa de La orgía perpetua, la pentalogía de Manuel Scorza y los autores regionales a Samuel Cárdich, Andrés Claud, Mario Malpartida, entre otros varios autores que se descubrirían a través de sus obras, leídas o recitadas, según la ocasión lo ameritaba, por el maestro Luis Pajuelo.

            Ahora que más de uno, sobre todo los profesores de lengua y literatura o comunicación, como se llama ahora, ha leído el texto del maestro “Brújula del Corazón” Perfil del profesor de literatura, que no es sino la concepción que él tiene de lo que debe ser un buen maestro de lenguaje y literatura en estos tiempos y que todo aquel que aún está en las aulas de formación profesional debe leer obligatoriamente; sabrá que una de las características de todo buen maestro debe ser el buen gusto estético, además del conocimiento y la capacidad de análisis, interpretación y sobre todo crítica de todo cuanto lee. Todo o casi todo lo que el libro referido contiene supo dárnoslo en sus diferentes sesiones.

            Entre la inmensidad de autores y obras literarias supo compartir con nosotros y enseñarnos los textos claves y/o clásicos en la evolución histórica de la literatura, que después, mucho después, descubrí, a decir de Borges, “…Clásico no es un libro (lo repito) que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidos por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad.” (1)      

Recuerdo que uno de los primeros libros que leímos, porque conjuntamente con él se leía en clases, fue “El Cantar de los cantares” de La Biblia, y ahí descubrimos que el libro de los libros era un conjunto de diversos textos de diversos géneros literarios y que entonces nos acercábamos y degustábamos la poesía y lo que ella significaba.

Más adelante, desarrollando el curso respectivo, nos condujo a apreciar uno de los bellos poemas de la época medieval “La Comedia” luego supimos que el adjetivo de divina fue posterior y ajeno a su autor. Particularmente me impacto el estudio de esta obra porque, recuerdo, aun un sábado, nos dimos tiempo para culminar nuestra lectura de El infierno uno de los tres cantos conformantes de esta monumental obra de Dante Alighieri. Al igual que éste fue estructurando el poema épico, nuestro maestro Luis Pajuelo iba desentrañando, verso a verso (El poema consta de tres partes, cada uno tiene treintaitrés cantos. Tres son los personajes principales,  está escrito en tercetos endecasílabos, es decir,  perfectamente organizados en base al número tres y los múltiplos de tres) personajes históricos, mitológicos, hechos y lugares que sin duda eran desconocidos para nosotros y por allí un dato adicional, a manera de contextualización o mejor actualización de la obra de Dante,  que más tarde descubriría y leería, uno de los tratados sobre esta obra: Dante y la psicología del infierno libro que escribiera el dantólogo Leopoldo Chiapo:

“Sí, ahora sería el tiempo, Dante, para un exacto juicio del mundo humano. Canetti tiene razón y de allí la terrible actualidad de Dante. Nuestro siglo es el siglo de la violencia y de la muerte, en todas partes. Bastaría para nosotros sentirlo en carne propia: el deterioro de la calidad de la vida, la estrechez continua y la penuria de nuestro pueblos dentro de un horizonte del mundo trazado por la relación Norte-dominador-Sur Indigente…”(2)

En la misma perspectiva ubico a las Siete Noches de Jorge Luis Borges, texto surgido a partir de sus conferencias nocturnas en Buenos Aires; ya más adelante sumaría otro libro siempre relacionado a la Divina comedia: Nueve ensayos dantescos, también de Borges. Estas lecturas adicionales enriquecieron más tarde mi gusto por la literatura, por la buena literatura y me ayudaron a comprender mejor las obras literarias.

Aún resuena en mi memoria la voz del maestro recitando el bello poema del canto V del infierno que refiere el amor prohibido (es la razón por la que se ubican en el infierno dantiano) de Paolo y Francesca:

Quando leggemmo il disiato riso

 

esser baciato da cotanto amante,

questi, che mai da me non fia diviso,

la boca mi vació tutto tremante. (3)

Unos círculos más al fondo pudimos hallar otro caso conmovedor, la del Conde Ugolino en el canto XXXIII.

De similar forma ocurrió con Madame Bovary. Saber que en su tiempo fue prohibido y que era una muestra de realismo, todos leíamos muy atentos y  concentrados, procurando no olvidar ningún detalle, porque luego teníamos que responderle al maestro las preguntas sobre la novela de Gustavo Flaubert. Pero, como lector iniciado que era entonces, no fui consciente de algunos hechos como el de la infidelidad de Emma en el carruaje que iba y venía por las distintas calles de París. También en aquella oportunidad, como un guiño, nos habló de La orgía perpetua, un estudio realizado por Mario Vargas Llosa sobre la obra que era materia de nuestra lectura e interpretación.

Cuando leyó la Primera canción de Juan Gonzalo Rose y mencionó a Tania Libertad, mi asombro por el descubrimiento de un nuevo poeta fue mayor, porque al igual que el poema mencionado, éste tenía muchos otros de igual valor. Entonces inicié mi búsqueda de más poemas de Rose y por supuesto los poemas de éste que habían sido musicalizados por la intérprete de la contamanina. Fue reconfortante oír Marisel, Tu voz, Exacta dimensión.

Me emocioné mucho cuando terminó de leer, en otra sesión, El ruiseñor y la rosa de Wilde. Creo que a través de estas lecturas fue educando nuestra sensibilidad y nuestro gusto por una buena literatura. Qué lejos y que bueno de que entonces no hayan existido aún esos libros de autoayuda que proliferan ahora y que muchos consumen sin reparar que todos son escritos con el único fin comercial que motiva a sus autores.

Lo recuerdo cómo se solazaba leyendo La carta poderosa o el Ángel de Pumacucho ambos cuentos de Samuel Cárdich a quien también teníamos como maestro y así fueron desfilando nombres y obras que el tiempo y mi pasión por la lectura me permitirían comprobar los aciertos del maestro Pajuelo Frías.

Después supimos que no había que leer todo lo que se haya publicado sino que habían textos claves que nos daban una idea de la evolución histórica de la humanidad y los pueblos y su cultural y entonces nos proveía su lista,  al igual que proponían Ivan Tays y Gustavo Faverón en sus respectivos Blogs: La caja literaria peruana, que contiene una docena de libros aproximadamente, y   que todo estudiante de los últimos grados de secundaria debía leer. Doy por descontado que los maestros también deberían hacerlo si es que no lo han hecho aún. La Lista que nuestro maestro nos había sugerido entonces y que ahora comparto con ustedes: La Biblia, La odisea, Las mil y una noches, La divina comedia, Madam Bovary, El sonido y la furia, El Ulises, En busca del tiempo perdido, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Cien años de soledad, los libros de Borges y algún otro libro más.

También recuerdo, esto ya más adelante, cuando en casa tenía un recorte sobre la trilogía de Tolkien y aún no había leído nada de éste, me refería que los había leído ya y que eran realmente maravillosos, sobre todo por los seres fantásticos que en ella aparecían: duendes, elfos, enanos, entre otros personajes sorprendentes que pueblan Tierra Media. Pero no opinaba lo mismo luego de haber visto La comunidad del anillo, primera adaptación cinematográfica que se hizo. Este comentario, como siempre me llevó a ubicar  y leer estos libros, además me permitió enterarme que la saga se iniciaba con otro libro previo El Hobbit y que posterior a la trilogía estaba El Silmarillion y que recientemente, el hijo de JRR Tolkien, publicó  Los hijos de Hurín.

A propósito de adaptaciones cinematográficas de la obras literarias; si bien el séptimo arte es tal no deja de ser menor que la literatura y consecuentemente lo se ve en la pantalla del cine no es exactamente lo que está en la obra. Por lo tanto prefiero la lectura de la obra, en primer orden, luego puedo ver la película. Así me pasó con La casa de los espíritus, El amor en los tiempos del cólera, Ensayo sobre la ceguera entre otros.

Concluyo esta crónica citando a Alberto Manquel y que nunca como ahora es más certero su evocación y en directa referencia al maestro Luis Pajuelo Frías: “Más que los textos que Borges me hacía descubrir (muchos de los cuales se convirtieron a la larga en mis preferidos), me subyugaban sus comentarios, que eran enormemente eruditos pero discretos, muy divertidos, a veces crueles y casi siempre indispensables…” (4)

            Seguramente es una retrospectiva escueta y mezquina de lo que es realmente el maestro Luis Pajuelo Frías; hay mucho por estudiar en sus obras. Hasta ahora no hay, en el medio, un estudio serio y muy agudo de su poemario Oro y cenizas, del cual,  recuerdo, no nos hablaba; modestia que lo caracteriza. Tampoco nos hemos acercado a escudriñar los prólogos muy enjundiosos e ilustrativos  que figuran en muchos de los textos publicados en el medio y a nivel nacional. Menos hemos realizado una bibliografía minuciosa de sus publicaciones. Pero, como docente lengua y literatura que soy, sus enseñanzas y su amistad me han permitido conducirme y forjarme por el camino exigente y placentero de la literatura. ¡Gracias maestro por sus sabias enseñanzas!

  • BORGES Jorge Luis: Nueva antología Personal: Edit. Bruguera S.A. Barcelona 1982 pág. 282.
  • CHIAPPO, Leopoldo: Dante y la Psicología del Infierno. Editorial Ausonia. Primera Edición. Lima 1986 pág. 1
  • ALIGHIERI, Dante: La Divina Commedia: Edit. Iclassici Rusconi Roma 2003 pág. 49
  • PAJUELO FRÍAS, Luis: En Venta Abierta N° 2 Editada por Gráfica Gonzalez Trujillo marzo de 2004 pág. 8