Por Roberto Carlo QUINTANA VILLAVICENCIO

Lic. en Filosofía y CCSS

Bienaventurados los ricos, millonarios, acaudalados, pudientes y empresarios ya que para ellos es este reino de virus y enfermedades ya que así les toque, ellos podrán contar con la asistencia médica pertinente y si no les toca pues viven en el reino de la abundancia y pueden hacer uso del desprecio para alimentar su orgullo.

Bienaventurados los que ríen, nada les preocupa tienen alimento, son inversionistas A1 de AFP o empresas exitosas, pueden sonreír, pueden gritarles a los policías, pueden despreciar al sistema de salud popular, orinarse desde su balcón de oro hacia los miserables de un sistema despreciable.

Bienaventurados los pendejos, hábiles, criollazos, vivos, aquellos que roban los víveres que deben ir al pobre, esos que son cacos para lucrarse a costa del menesteroso, ellos poseen las riquezas, tienen las fortunas y no les falta nada.

Bienaventurados los que no tienen hambre ya que en sus hogares hay pan de sobra, el arroz y azúcar no faltan porque tienen padres y madres que son profesionales o técnicos y se aseguraron gracias a su sapiencia de lograr trabajos estables o contratados bien o mal remunerados.

Bienaventurados aquellos que no tienen compasión con el prójimo y que no donan nada, y dan cero, no aportan y se guardan para ellos sus alimentos y su dinero, porque saben que peores pandemias se vienen y es mejor guardar para la familia.

Bienaventurados los de oscuro corazón, negra el alma y de gris sentimiento, ellos no comparten ni donan, así aseguran su supervivencia, su porvenir, porque saben que solo los fuertes viven y los débiles fenecen.

Bienaventurados los que buscan más virus y generan guerras bacteriológicas, esos países y su gente serán mas opulentos a costas de nuestros pesares y precaria economía, esos que nos venden tecnología y logística sanitaria a altos precios, porque nuestro país invirtió más en formar   estrafalarios y deportistas que en la ciencia y la investigación.

Bienaventurados los perseguidos por la policía, el ejército, serenazgo y reservistas en pleno toque de queda, porque para ellos debe ser ya la sanción económica y desatención sanitaria si se contagian, no hacen caso las normas y merecen la peor ordenanza.

Bienaventurados los que luchan contra el virus, a pesar de todo no se desaniman, sin sueldos buenos pelean, sin bonificación justa retan a la pandemia, con colegas ya fallecidos aun así insisten, son los héroes vivos, a pesar de arriesgar todo no le podremos devolver tremendo favor que nos hacen.

Alegraos población, tienen un personal de salud del carajo, férreos, valientes, serviciales, y sobre todo entregados a su rol de tener sanos y vivos a la gente.

Regocijaos tropel porque a pesar de que los serenazgos no ganan mucho siguen salvando, a pesar de que haya policías deshonestos la gran mayoría son titanes, enfrentan con honor al escenario cruel de vivir cerca de la muerte.

Alegraos urbes, porque a pesar de esta pandemia hay héroes, ellos y ellas que desde la madrugada limpian las calles, asean los parques, esos humanos que hacen el pan, siembran el campo, pescan en la mar y en la laguna, transportan los alimentos, y de aquellos y aquellas que comunican las buenas y malas noticias, esos que mantienen el fluido eléctrico estable y de ellos que hacen llegar el agua a tu casa.

Bienaventurados los ministros, Jefe de Estado, funcionarios, autoridades regionales y municipales que cumplen su labor a cabalidad, malditos aquellos que no toman el timón de dirigir como debe, malditos ya que por su culpa mueren ya muchos y agonizan bastantes.