La gente se resignó de una u otra forma a que “todos son iguales” una vez llegados al poder, todo gobernante es más de lo mismo. Como los mecanismos del Estado son ineficaces para vacunarnos de este mal, el remedio debe provenir de los ciudadanos, la sanción sería a través de los votos, anteponiendo que la riqueza debe redistribuirse a la mayor cantidad posible, propongo la descabellada idea de democratizar el robo.

Apunto a evitar votar por los ladrones conocidos. Si la justicia existiera, si el sistema judicial funcionara, si no supiéramos con pruebas de qué pie cojean nuestros jueces y fiscales, no tendríamos que estar cavilando ideas bobas como esta, pero sería lo más cercano a equitativo. Si esta vez le tocó a Pedro, lo justo sería que a la siguiente le corresponda a Laura. Con la corrupción, la riqueza se concentra en pocas manos, lo poco que ostenta un país riquísimo como el nuestro, debe redistribuirse a través de obras, por decir. No obstante, todos sabemos que con los diezmos terminan en la cúpula gobernante de turno. Como la ambición de dinero y poder es insaciable, estos, buscan continuar medrando sus arcas.

Votar contra los que ya gobernaron y tienen las manos sucias, sea alcalde distrital, provincial o gobernador regional con investigaciones, con cuestionamientos por actos irregulares, deben ser rechazados de plano, debemos optar por gente nueva y su cúpula renovada, así, aunque los nuevos sean más de lo mismo, al menos contemplaremos que la riqueza mal habida no seguirá concentrándose en los de siempre, sino que esta se democratizará, la próxima te puede tocar a ti, ¿ves?, qué conveniente puede ser. Ahora si hubiera un exgobernante honesto, a ese sí que debemos reelegirlo, porque la redistribución será mayor, ¿pero quiénes de los que ya asumieron cargos públicos y tienen cuestionamientos, pueden pasar el detector de mentiras, para asegurar que no robó?