?José Luis Aranda Rojas

(Páginas de una vida allegada a literatura y las artes)

Uno de los últimos post de Víctor, acaso premonitorio, aludía a la existencia humana y de modo reminiscente, escritos estos en su juventud por el filósofo Nietzsche.

 

Calderón de la Barca escribió:

¿Qué es la vida? Un frenesí. /¿Qué es la vida? Una ilusión, /una sombra, una ficción, /y el mayor bien es pequeño; /que toda la vida es sueño, /y los sueños, sueños son”.

 

Y las circunstancias nos obligan a reflexionar sobre nuestras existencias y particularmente del amigo que el día menos pensado cogió sus maletas y se fue para nunca más volver.

Conocí a Víctor Alfonso Ayala Rojas cuando coincidimos laboralmente en la Dirección Regional de Educación de Pasco, entonces liderada por el Maestro Luis Pajuelo Frías y lo recuerdo muy bien porque entre otras acciones, en aquel tiempo promovimos y llevamos a cabo el I Seminario Taller de Literatura pasqueña –aproximaciones e inventario- con los escritores pasqueños y luego arribamos a unas conclusiones de qué deberían leer nuestros estudiantes en los colegios de Pasco. Víctor fue uno de los maestros entusiastas en la promoción y al realizar una antología que por entonces hicimos para los maestros asistentes, (en aquel momento aún empleábamos el mimeógrafo). También recuerdo que para la foto de fondo de los afiches del evento fuimos a la Biblioteca Central de la UNDAC y allí ubicamos aquella postal en colores que mostraba el jirón Grau y de fondo la imponente Torre del Hospital Carrión, en la antigua ciudad.

Desde entonces compartimos el ideal de la literatura, las ediciones, las revistas y sobre este último fue él quien me invitó a escribir para Brillos de Identidad, revista que dirigía y en el que siempre hallamos espacio para publicar artículos diversos. Es muy notoria su influencia y presencia en las revistas Museo Carrión, Sembrando futuro, entre otras. Luego supimos que contaba con una amplia bibliografía de la literatura cerreña y también una hemeroteca y que en una o varias ocasiones las mostró para los estudiantes y público en general.

Otra feliz coincidencia fue cuando nos invitó a varios maestros para visitar una librería en la capital y así poder escoger un conjunto de textos que bien podrían ser consultados por los estudiantes de la Biblioteca de Yanacancha, labor que hicimos con sumo agrado. Fue también el promotor del I Concurso de lectura oral entre estudiantes de educación secundaria, evento no replicado aún, y de entonces recuerdo su felicitación por los ganadores de dicho evento que resultaron ser Alonso y Sebastián, entonces dos estudiantes motivados por la lectura.

 

Víctor también fue un entusiasta editor de textos claves en la literatura pasqueña, así lo evidencias los textos de Cerro de Pasco Antiguo: Nomenclatura de sus calles de Gerardo Patiño López así como de El balcón de Judas de Danilo Illanes Bustamante, ambos auspiciados por el INC en su Festival del libro pasqueño. Siempre al cuidado de edición y redacción de los textos, y no solo de los mencionados sino de otros más.

 

Fue integrante del Equipo de Edición de la Revista de Cultura y Artes Estribo de Plata que dirige el autor de Oro y cenizas, poemario que también fue redactado, en su tercera edición, por Víctor. Y como no podía ser en el mundo de las letras, Víctor, junto a un colega suyo editaron el texto orientado al fomento de la lectura en los estudiantes de primaria y secundaria; Relatos sobre Muquis y duendes, personaje singular, el muqui, de nuestro entorno minero y a cuya presentación tuvo la deferencia de invitarme para desglosar y compartir nuestras apreciaciones sobre el tema; cuando compartí el relato sobre un muqui que es apresado por un minero de la oroya, este ser se introduce en el estómago del minero, lo operan en Chúlec y de allí es extraído para ser luego llevado a EE.UU. donde lo tienen aún, le sobrecogió la historia y quedamos en seguir conversando sobre el particular. Ya no podremos hacerlo ahora.

 

Una feliz coincidencia que me permitió conocerlo más de cerca fue cuando era padre de familia de una I.E. y fungí de maestro de sus entonces menores hijos, a quienes, estoy seguro, alentaba e influenciaba en la apreciación de las artes y la literatura,

 

Es indudable que este es un apretado y personal recuerdo de nuestro amigo Víctor Alfonso y seguro tiene muchas otras páginas escritas y vividas en el dilatado y fructífero caminar con su familia, sus amigos y colegas maestros. Leer sus escritos, los libros y revistas que tienen su aliento, aura y entrega, será nuestro mayor homenaje y recuerdo. Mientras tanto, nunca más preciso los versos del maestro Lucho Pajuelo, amigo entrañable de Víctor Alfonso..

¿Qué hechicero vaticinó

tu muerte?...

 

En el crepúsculo, la última

gaviota

destroza el viento

y vence el infinito.

 

Pd. Releyendo textos hallé una edición conmemorativa de la obra cumbre de Julio Cortázar y entre otras frases que avivan el alma encontré las palabras del Gabo, refiriéndose al autor de Rayuela en los siguientes términos, que calzan perfecto para el sentimiento de los amigos que tuvo Víctor (por ello el reemplazo del nombre de Julio por Víctor): “Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elegías por Víctor. Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo”.