El inicio de un nuevo año es significativo para nuestra región y el país, por los cambios de autoridades y hacemos votos porque cumplan sus promesas. La motivación para escribir este texto es esgrimir una reflexión propositiva sobre lo que esperamos de las nuevas autoridades, especialmente del liderazgo regional en el sector educación, ámbito en el que nos desempeñamos.

Los desafíos educativos exigen la participación colaborativa de toda la sociedad. La educación demanda, particularmente de los responsables de implementar políticas a su favor, esfuerzos con alto grado de responsabilidad y con la voluntad de colaborar en el diseño y ejecución de estrategias que contrarresten la ineficiencia en el logro de los aprendizajes, que en el caso de los egresados de la secundaria, da lugar a un nuevo “ciclo” pagado, el preuniversitario.

Es de esperar que el año lectivo 2019 nos depare un cúmulo de satisfacciones a partir de la generalización del nuevo Currículo Nacional, documento marco de la política educativa de la educación básica que contiene los aprendizajes esperados, en concordancia con los fines y principios de la educación peruana, los objetivos de la educación básica y el Proyecto Educativo Nacional. En el CNEB, además, se definen conceptos claves tales como perfil de egreso, enfoques, competencias, capacidades desempeños, estándares, diversificación curricular y evaluación formativa.

Sin duda se debe reconocer que la situación que vive el país en términos de calidad educativa es multifactorial. No hay lugar para el anquilosamiento de los agentes educativos; cada uno debe cumplir su rol. Hoy más que nunca se requiere un alto nivel de involucramiento de la familia, los maestros, los estudiantes, las autoridades de los distintos niveles de gobierno, de los medios de comunicación. El mayor reto del país es garantizar las condiciones para ejercer las acciones favorables para la educación.

El país y especialmente nuestra región, tienen una nueva oportunidad, que pasa por aprovechar todo el talento de nuestros estudiantes, la abnegación de los maestros y la predisposición de las familias para cumplir su rol educativo. El éxito de cualquier cambio en el proceso de enseñanza-aprendizaje estriba siempre en el coraje y la determinación de los docentes para asumir un verdadero reto profesional en la planificación del trabajo educativo con todos los alumnos y en emplear métodos de enseñanza cooperativos, desde una perspectiva de trabajo colaborativo entre el profesorado y los padres de familia. Estamos convencidos que si queremos ver un logro significativo en el terreno de la educación, el momento de involucrarnos es hoy y dar la cara para cambiar lo que nos disgusta.