Ante el escenario pre electoral como parte de esta sociedad Pasqueña y Comunicador Social hemos elaborado, basada en algunos principios de la Doctrina Social Cristiana, seis criterios éticos para elegir mejor a nuestras autoridades.
En primer lugar debemos distinguir entre la “gimnasia electoral” con la vivencia de una “auténtica democracia” donde hay aspectos “no negociables” para el ciudadano y buen vecino a la hora de emitir el voto.


Recordemos que “como población democrática debemos apreciar el sistema de la democracia que con todas sus falencias hoy se vive en nuestro país, en la medida que ésta asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o de sustituirlos oportunamente de manera pacífica”.


El escenario pre electoral expresa una crisis de representación; las campañas electorales no preparan a los ciudadanos para elegir responsablemente, más bien, promueven la confusión y el descreimiento.

 Así se tergiversa en la práctica el régimen democrático, que debe regirnos y asegurar la promoción del bien común en todas sus formas.
Durante algún tiempo se decía, “no hay que entrar en la política porque es sucia”, a lo mejor tenían razón, pero precisamente frente a esta situación, los civiles deben entrar en la política, a ver si la limpiamos un poco. Tenemos que reconocer que se ha omitido esta participación por el temor a no mancharse, dejando el campo abierto a aquellos que han hecho de la política una manera de vivir de espaldas al pueblo, olvidando sus promesas y cayendo en actos de corrupción. Es hora de entrar en la política, para transformar el modo de gobernar y de gestionar las cosas temporales, que ha de estar inspirado en la verdad, la justicia orientada hacia el bien común.

Tengamos en cuenta que si la física no contemplara la ética habría otras bombas de Hiroshima, lo mismo que si a un político le faltara la ética como se está viendo hoy tendríamos resultados muchos más catastróficos. Debemos de ser consientes como ciudadanos Pasqueños y Peruanos que como ciudadanos y buenos vecinos no podemos abdicar y/o resignar  de ningún modo de la participación en la política, es decir, en la variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común, que comprende la promoción y defensa de los bienes tales como el orden público y la paz, la libertad y la igualdad, el respeto de la vida humana y el ambiente, la justicia y la solidaridad”.

Ya Platón decía que el hombre, es por naturaleza un ser político. La Iglesia por su parte declara que los fieles cristianos tienen la peculiar misión de impregnar y perfeccionar el orden temporal con el espíritu bíblico, y así dar testimonio de Cristo, especialmente en la realización de las cosas temporales y en el ejercicio de las tareas seculares, es decir, a nosotros nos corresponde ocuparnos de las cosas temporales, hacer que esta ciudad, esta región y este país se distinga, no precisamente por la cantidad de dinero que tiene, sino por la capacidad de gestión, por la transparencia en la ejecución de las obras que, por cierto, no deben reducirse a construcciones de concreto simple (sembrar fierro y cemento), sino también a la formación ciudadana, y el mejor modo de lograrlo será con el ejemplo de sus nuevas y próximas autoridades que vamos elegir este próximo 7 de octubre del presente año. Así los jóvenes ya no se sentirán desencantados de la política, sino que asumirán el compromiso de aportar su talento y tiempo para lograr sus nobles ideales y legítimas aspiraciones.
Vemos como los candidatos ensayaron su mejor sonrisa, alistaron su mejor slogan, invirtieron en publicidad e intentaron cautivar con sus promesas, pero olvidaron decir y sobre todo de demostrar, que serán honestos en la administración de los recursos y bienes, que su compromiso será un auténtico servicio y no servirse del cargo al cual podrían llegar este domingo próximo.

Ser autoridad exige honestidad y transparencia, tener la capacidad de conocer a la gente, de dialogar con ella, de hacer propuestas claras y reales, de actuar con la verdad y asumir compromisos con la justicia orientada hacia al bien común.
Dado que la democracia es un sistema de respeto de las libertades ciudadanas, y teniendo como antecedente que en el Perú, las masas electorales son fácilmente manipulables, proponemos que estas elecciones sean libres, es decir que cada ciudadano en el buen ejercicio de sus derechos, se sienta libre en emitir su voto y no sea obligado a pagar una multa si no lo hace. Esto será la expresión de una democracia en proceso de madurez, que respeta la voluntad del ciudadano y contribuye a un auténtico desarrollo y progreso.

Tengamos en cuenta que el compromiso del buen ciudadano y buen vecino en nuestra sociedad actual, en varios años de historia, se ha expresado en diferentes modos. Uno de ellos ha sido la participación en la acción política: Tomemos como ejemplo a unos de los Santos de la Iglesia a numerosos hombres y mujeres que han servido a Dios a través de su generoso compromiso en las actividades políticas y de gobierno. Entre ellos, Santo Tomás Moro, proclamado Patrón de los Gobernantes y Políticos, que supo testimoniar hasta el martirio la «inalienable dignidad de la conciencia». Aunque sometido a diversas formas de presión psicológica, rechazó toda componenda, y sin abandonar «la constante fidelidad a la autoridad y a las instituciones», afirmó con su vida y su muerte que «el hombre no puede separarse de Dios, ni la política de la moral.».

Este proceso electoral exige la coherencia entre fe y vida, entre certeza y cultura, recordada y exhortando a los ciudadanos Pasqueños a «cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu bíblico, dándose cuenta que la propia fe es un motivo que nos obliga al más perfecto cumplimiento de nuestros deberes, según la vocación personal de cada uno».
A nosotros nos corresponde hacer un voto, libre, consciente y responsable y a los candidatos a servir a la población y no servirse de ella, cuando lleguen al poder.