Columna para el miércoles, o sino me olvido enviarlo. Saludos amigos.

Comparto la anécdota de un administrador. Cuando se roba en las arcas del Estado, no solo es asegurarse el botín, sino también garantizar la impunidad para cuando pierdas el poder. Quizás ahí radica, la respuesta a la ambición exagerada de, casi todos, los  políticos y quienes administran los recursos públicos. Ahora con los audios de jueces corruptos, es evidente por qué robar nunca les parece suficiente. Tienen que aceitar el sistema o se rompe la rueda.  

Por ese entonces estaba a cargo de los contratos de publicidad, que pasaban por un riguroso control. No obstante a la disponibilidad presupuestaria y el problema de incapacidad de gasto por no ejecutarlo, tenía las reiteradas demoras y peros del administrador para dar curso al proceso. En el seguimiento para el destrabe, una noche de largo diálogo, este personaje me contó de los procesos judiciales en su contra - de ahí su temor y la traba - y el consejo de alguien con experiencia. A la luz de los audios es revelador.

“Se roba con todo para el juez y el fiscal, ah, no te olvides de tu abogado”, me confesó el administrador. Esta versión puede explicar las reiteradas preguntas, ¿tanto roban, qué ambiciosos son?, que surgen en los diálogos ante cada noticia de alcalde, gobernador o funcionario público descubierto o sospechoso de robo. Por eso cuando son procesados, sus casos parecen eternos, hasta que la condena es benigna, solo para disimular la indignación que generó en su momento, pero a estas alturas ya están olvidados.

En la corrupción, no todo es plata. Como habremos visto en Punto Final, también se paga en especies. Ya he dejado de sorprenderme de cómo quienes en clases estaban de regular más abajo, pero bendecidas con caras bonitas o padrinos, ocupan expectantes puestos, incluso sin contar con los estudios completos. No es el caso de la guapa abogada, Cinthya Vargas, a quien el exjuez Walter Ríos, previo a su ascenso la cita a una habitación de hotel. La chica esta, según su papá, cuenta con estudios de maestría, doctorado y ¡qué más no tendrá! Es que la moral, la ética, no se enseña en un curso especial. No basta exigir estudios completos al congresista para cambiar el país. Además de la educación en las escuelas, creo, pasa por el ejemplo de padres y ciudadanos a los hijos en formación.¿En qué curso puedes enseñar a la guapa Cinthya, que un ascenso no lo consigues en una cita con tu regordete, canoso y casado jefe?