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Sobre Cerro de Pasco aun se insiste en avivar el discurso de una memoria instalada en un pasado al cual llaman "opulento". Así, la "historia" -oficializada por intereses y legaña de colonizado- pone sobre relieve a los extranjeros que llegaron a esas tierras como dueños de minas y hacendados. A estos se los ha convertido desde un discurso conservador en el referente identitario de "lo cerreño".

“Al menos unos cuantos, estamos en cuenta regresiva para que Julio Palomino, se dé su chapuzón en estas aguas contaminadas, creo no alteraría su composición”

Para el momento en que escribo esta columna, ya encontré en mis archivos el audio de las declaraciones del gerente de Recursos Naturales del Gobierno Regional de Pasco, Julio Palomino Pastrana. No fue muy dificultoso ubicarlo, porque tenía un pesimismo sobre sus declaraciones en julio del 2013: “(¿en mayo del 2014, usted ya puede meterse a las aguas de Patarcocha?), yo creo que sí, si nada de la tecnología que ellos van aplicar, estaríamos en una laguna natural, (¿Usted se bañaría ahí entonces?, insistí), nos bañaríamos con todo gusto, yo me bañaría y te aseguro que se bañaría el presidente (Klever) y todas las personas”, dijo, a boca suelta prometía. Pero ya vemos los resultados, casi como todas las obras del señor Klever Melendez Gamarra, el proyecto de recuperación exhala un asqueroso olor de putrefacción. A causa de un gran batido de poto, caca, pichi, aceites, jabones, calzones sucios, basura, sangres, condones usados, etc, que van a la laguna. Igualados a la politiquería, serían los sinónimos de corrupción, colusión, tejes y amarres, concusión, peculado (por no decirlos ladrones, usan ese decoro), y así.

¿Se imaginan, a un alcalde, financiando los cafés, poniendo un calefactor para hacer frente al frío en las presentaciones teatrales?, en esas condiciones, el público estaría más que garantizado.

La frase que lleva por título esta columna, fuera de su frecuencia habitual, lo dijo en su unipersonal Carlos Maldonado, un destacado actor que vino a Cerro de Pasco, por el 16 aniversario de Cobrizo Minero. Cada quien sabe cómo preparar su limonada, algo así, resume el individualismo que impera en este sistema, aunque no creo que Maldonado lo haya dicho con esa intencionalidad, para mí, resulta adecuado en mis propósitos.


Hace pocos días se nos fue uno de los principales exponentes del boom de la Literatura latinoamericana, el escritor Gabriel García Márquez, más conocido como Gabo. Con motivo de su partida, la prensa volvió a ocuparse de la célebre novela Cien años de soledad y de otros libros del autor colombiano. Dicen –y quizás con acierto– que Cien años de soledad es el libro más importante después del Quijote porque revolucionó, real pero maravillosamente, la Literatura en el último siglo.

“¿Por qué oponerse al proyecto de Ley de Unión civil no matrimonial, si no me perjudica en nada?, por lo contrario, hace feliz a un grupo de personas, aunque sean de un sector minoritario”

 

Habrán escuchado en muchas ocasiones: al mundo se viene a ser feliz y hacer felices a los demás, no obstante, no lo cumplimos del todo ¿verdad? Bueno, con ser feliz uno mismo hacemos bastante, si no puedes ayudar a los demás a ser felices, al menos no debemos estorbar ¿cierto?

 

Muchos años después, frente a la noticia de su partida recordé la tarde en que decidí leer la obra cumbre del Gabo. Tuve que pedírselo prestado a un vecino, porque, para entonces, los libros escaseaban en mi biblioteca y mi pasión por la lectura era aún incipiente.No sabía entonces de novelas totales ni de escenarios creados por el autor, solo revoloteaba en mi mente el fragmento que habíamos leído, como lo hace todo alu mno de quinto de secundaria, en las aulas del colegio.

“DURANTE LOS TRES AÑOS, EN EL QUE HUBO MÁS QUE AMOR, Y ME APOYÓ EN OCASIONES EN LA POLÍTICA, ¡NUNCA LE HABÍA DICHO QUE NO SOY TERRORISTA!, QUE SER IZQUIERDA NO IMPLICA SER TERRORISTA”

Había andado muy enamorado por cerca de tres años. Arriba, abajo con ella. Por culpa mía a veces la apodaban la socialista, pero le daba igual. Durante todo ese tiempo de universitarios, siempre supo que me definía como un joven de izquierda. Entendía mis abandonos y descuidos, cuando andaba metido en política o tras mis ideales utopistas de cambiar la Undac, con una toma de local.

"Año del Buen Servicio al Ciudadano"