“Ya no sorprenden los casos de corrupción, lo sorprendente es nuestra pasividad”

Sabido es que la corrupción arrecia todos los niveles y sectores del país. Aunque pretendamos resignarnos, es el cáncer que siglo tras siglo carcome el exponencial avance que deberíamos tener. Muchos, por no decir la mayoría de la población, está convencida fervientemente, que es imposible cambiar, por lo que les da igual quién gobierne, total “todos roban”.

 

Los funcionarios, alcaldes, gobernadores, presidentes, son echados en el mismo costal de los “todos roban”. No nos quedan dudas que una de las modalidades de robar son las obras, proyectos de inversión o programas. Cuando vemos un proyecto en construcción con algún defecto, el comentario agrio, es: “cuánto se estarán tirando”. El “todos roban” y las obras son para robar, ahora quedará más asentada con los destapes tras destapes del más grande escándalo de corrupción de los últimos tiempos: Lava jato. Involucra a políticos de derecha, centro y de izquierda, embarra a los impolutos tecnócratas, apolíticos, partidarizados e independientes; eso a nivel macro. Ya nada nos sorprende sobre la capacidad de corromper, si tenemos a un Toledo, nada menos que al líder de la lucha contra la corrupción fujimontesinista, con prisión preventiva aunque prófugo, precisamente por corrupto. Qué más nos puede sorprender, si hay indicios de ser otro corrupto el líder de “La honestidad para hacer la diferencia”, Ollanta, nada menos, que quien vendió honestidad ahora está envuelto en el miasma fujimontesinista. En el mismo paredón estaría Villarán. La decepción es más grande cuando quienes dijeron luchar contra la corrupción terminan uniéndose a ella.  Está por demás citar a Alan, un santo, santificado por jueces y fiscales benignos. O Castañeda.

No obstante, lo que sí sorprende es la pasividad de las víctimas, es decir todos. Un resignado desinterés pese a ser decisorio en nuestras vidas. Es como si los descubrimientos de corrupción pasaran en la casa del vecino y no en nuestro techo. La cosa se estaba calentando al inicio de los destapes, pero vinieron los desastres naturales y enfriaron los lerdos motores de la indignación. El intento de los aprofujimoristas, humalistas, y extremos, de apaciguar lo que estaba por prender parecía imposible. Cuando grupos progresistas convocaban a marchas, a la socialización del problema de la corrupción, uniendo liderazgos como el de Verónika, despotricaron las movilizaciones echando en el mismo saco a Mendoza, sin que siquiera estuviera vinculada al caso Odebrecht. ¿A estas alturas, los radicales puros, los que creen las acusaciones aprofujimoristas, ya se habrán dado cuenta a quién favorecen al apaciguar los ánimos?

Haber votado por Ollanta o Toledo, o haber sido su seguidor no te hace cómplice, a no ser que estés involucrado al igual que ellos. Pero los puristas, radicales y aprofujimoristas debilitaron las incipientes manifestaciones descalificándola, para dejar las cosas como están. Pese a los grandes destapes, a la publicación de la modalidad de robos, pese a los millonarios robos, nada ha cambiado, el sistema sigue funcionando igual que antes de los destapes, como si nada pasara. Para disimular tanta impunidad, por ahí detuvieron a algunas cabezas de la red ladrones, pero la red continúa ahí, operando. Aprobaron algunas leyes para sancionar corruptos, para qué sirven esas leyes, si no es solo para apaciguar, porque leyes contra la corrupción existen por decenas, sin embargo, tenemos jueces, fiscales y abogados que le encuentran “peros” (leguleyadas) para la impunidad.

Lo macro se repite en lo micro, ¿acaso no tenemos alcaldes coimeando, obras paralizadas, infraestructuras nuevas con rajaduras, defectuosas, etc. y etc.? Hace unos días un alcalde de Huaral denunció públicamente que para conseguir financiamiento en los ministerios le condicionan con coimas o la obra debe ser ejecutada por la empresa del funcionario. Es un secreto a voces que muy pocos lo hacen público, porque también les toca su parte. Se denunció que el ministro de Agricultura de PPK, habría falsificado firmas de ingenieros para su empresa consultora. Podemos seguir con la larga lista de sospechas de corrupción, indicios o descarados robos en tu pueblito, en la provincia, la región o el país. Y todo sigue igual.

Dejándonos de apasionamientos políticos, en la pág. 39 de La Historia de la corrupción, de Alfonso Quiroz (debo reconocerlo, edición pirata nomás, ¿ya ven?), hace referencia que los cambios para enfrentar a la corrupción debe estar tipificada en la propia Constitución; “la Constitución estadounidense se diseñó para impedir y rechazar la dañina influencia de la corrupción en el gobierno”, dice Quiroz, tras su riguroso estudio. Mientras esto no suceda amigos lectores, todo sigue igual, con descaro o disimulos, en nuestras narices. Ante las evidencias de lo podrido que está nuestro sistema político, que está en todos niveles, ya no hay preguntarnos quién nos roba o quiénes, sino quiénes nomás no nos roban. De yapa, ¿hay esperanzas de que esto explote?        

Quiénes “nomás” no nos roban

“Ya no sorprenden los casos de corrupción, lo sorprendente es nuestra pasividad”

Sabido es que la corrupción arrecia todos los niveles y sectores del país. Aunque pretendamos resignarnos, es el cáncer que siglo tras siglo carcome el exponencial avance que deberíamos tener. Muchos, por no decir la mayoría de la población, está convencida fervientemente, que es imposible cambiar, por lo que les da igual quién gobierne, total “todos roban”.

Los funcionarios, alcaldes, gobernadores, presidentes, son echados en el mismo costal de los “todos roban”. No nos quedan dudas que una de las modalidades de robar son las obras, proyectos de inversión o programas. Cuando vemos un proyecto en construcción con algún defecto, el comentario agrio, es: “cuánto se estarán tirando”. El “todos roban” y las obras son para robar, ahora quedará más asentada con los destapes tras destapes del más grande escándalo de corrupción de los últimos tiempos: Lava jato. Involucra a políticos de derecha, centro y de izquierda, embarra a los impolutos tecnócratas, apolíticos, partidarizados e independientes; eso a nivel macro. Ya nada nos sorprende sobre la capacidad de corromper, si tenemos a un Toledo, nada menos que al líder de la lucha contra la corrupción fujimontesinista, con prisión preventiva aunque prófugo, precisamente por corrupto. Qué más nos puede sorprender, si hay indicios de ser otro corrupto el líder de “La honestidad para hacer la diferencia”, Ollanta, nada menos, que quien vendió honestidad ahora está envuelto en el miasma fujimontesinista. En el mismo paredón estaría Villarán. La decepción es más grande cuando quienes dijeron luchar contra la corrupción terminan uniéndose a ella.  Está por demás citar a Alan, un santo, santificado por jueces y fiscales benignos. O Castañeda.

No obstante, lo que sí sorprende es la pasividad de las víctimas, es decir todos. Un resignado desinterés pese a ser decisorio en nuestras vidas. Es como si los descubrimientos de corrupción pasaran en la casa del vecino y no en nuestro techo. La cosa se estaba calentando al inicio de los destapes, pero vinieron los desastres naturales y enfriaron los lerdos motores de la indignación. El intento de los aprofujimoristas, humalistas, y extremos, de apaciguar lo que estaba por prender parecía imposible. Cuando grupos progresistas convocaban a marchas, a la socialización del problema de la corrupción, uniendo liderazgos como el de Verónika, despotricaron las movilizaciones echando en el mismo saco a Mendoza, sin que siquiera estuviera vinculada al caso Odebrecht. ¿A estas alturas, los radicales puros, los que creen las acusaciones aprofujimoristas, ya se habrán dado cuenta a quién favorecen al apaciguar los ánimos?

Haber votado por Ollanta o Toledo, o haber sido su seguidor no te hace cómplice, a no ser que estés involucrado al igual que ellos. Pero los puristas, radicales y aprofujimoristas debilitaron las incipientes manifestaciones descalificándola, para dejar las cosas como están. Pese a los grandes destapes, a la publicación de la modalidad de robos, pese a los millonarios robos, nada ha cambiado, el sistema sigue funcionando igual que antes de los destapes, como si nada pasara. Para disimular tanta impunidad, por ahí detuvieron a algunas cabezas de la red ladrones, pero la red continúa ahí, operando. Aprobaron algunas leyes para sancionar corruptos, para qué sirven esas leyes, si no es solo para apaciguar, porque leyes contra la corrupción existen por decenas, sin embargo, tenemos jueces, fiscales y abogados que le encuentran “peros” (leguleyadas) para la impunidad.

Lo macro se repite en lo micro, ¿acaso no tenemos alcaldes coimeando, obras paralizadas, infraestructuras nuevas con rajaduras, defectuosas, etc. y etc.? Hace unos días un alcalde de Huaral denunció públicamente que para conseguir financiamiento en los ministerios le condicionan con coimas o la obra debe ser ejecutada por la empresa del funcionario. Es un secreto a voces que muy pocos lo hacen público, porque también les toca su parte. Se denunció que el ministro de Agricultura de PPK, habría falsificado firmas de ingenieros para su empresa consultora. Podemos seguir con la larga lista de sospechas de corrupción, indicios o descarados robos en tu pueblito, en la provincia, la región o el país. Y todo sigue igual.

Dejándonos de apasionamientos políticos, en la pág. 39 de La Historia de la corrupción, de Alfonso Quiroz (debo reconocerlo, edición pirata nomás, ¿ya ven?), hace referencia que los cambios para enfrentar a la corrupción debe estar tipificada en la propia Constitución; “la Constitución estadounidense se diseñó para impedir y rechazar la dañina influencia de la corrupción en el gobierno”, dice Quiroz, tras su riguroso estudio. Mientras esto no suceda amigos lectores, todo sigue igual, con descaro o disimulos, en nuestras narices. Ante las evidencias de lo podrido que está nuestro sistema político, que está en todos niveles, ya no hay preguntarnos quién nos roba o quiénes, sino quiénes nomás no nos roban. De yapa, ¿hay esperanzas de que esto explote?