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Ya se habla abiertamente sobre la vacancia de PPK (Rospigliosi y otros) y sobre la instalación de un nuevo gobierno (algunos, como el congresista Moisés Guía Pinto, incluso ya han puesto fecha: http://www.lucidez.pe/politica/video-congresista-oficialista-pide-vacancia-presidencial-y-convoca-a-insurgencia-popular/). No estamos hablando de las facultades (mentales y políticas) que PPK viene perdiendo, crecientemente, desde las elecciones, hasta el punto de ceder ciertas cuotas de poder al fujimorismo. Hablamos de algo más profundo: la gangrena de la corrupción institucionalizada que ha alcanzado a todos los niveles del Estado. Lo que sentenció González Prada hace más de cien años está vigente: "Donde se pone el dedo, salta la pus”.

 

Antes de octubre las aguas permanecían más o menos tranquilas. PPK no era sino la última reserva que le quedaba a ese sistema que promueve el saqueo y la muerte de la Patria. Después de noviembre, Fujimori se creía el representante genuino del sentimiento peruano y pretendía que polaricemos el país entre el fujimorismo y el antifujimorismo. La realidad, sin embargo, iba por cursos distintos. Aquí la polarización era entre Patria (representada por todos los peruanos) y antipatria (fujimorismo), verdad versus mentira (fujimorismo), honradez versus corrupción (fujimorismo). Desde los Andes derrotamos al senderismo en su esencia misma; de diciembre para adelante la Patria se preparaba para derrotar al fujimorismo en su esencia misma. Pero las cosas empezaron a cambiar tan de repente… con el caso Odebrecht.

Hace años venimos denunciando que en el Perú la democracia no existe, ni el libre mercado, ni la decencia, ni el espíritu colectivo de construir Patria. Dijimos por años que el Perú es un país secuestrado por bandas organizadas de la mafia internacional (mal llamadas inversionistas) que no solo controlan el Congreso, Palacio, Fuerzas Armadas y los medios de información masiva para provecho de unos pocos. Dijimos que el Perú ya no existe ni como territorio ni como idea. Es una chacra cada vez más árida por las malezas que le sangran todos los nutrientes. Dijimos también que no estamos lejos de terminar como el África, cuando se agoten todas las reservas mineras, pesqueras, gasíferas, petroleras. La última guerra será por el agua, y no está tan lejos porque vienen instalando bases estadounidenses en todas partes.

No solo es Odebrecht, en cuyo caso, según avanzan las investigaciones, están involucrados desde Fujimori hasta PPK, pasando por Toledo, Alan García y Humala. (Ninguno entrará a la cárcel porque desde el poder mismo vienen preparando el borrón y la cuenta nueva; solo serán castigados los intermediarios, los peces chicos). No solo es  Odebrecht, decíamos. Es el gas que regalaron; son las minas de oro, cobre, plata y molibdeno que remataron; son las reservas de bosques que siguen entregando con el cuento de bonos de carbono; es la pesca que termina en el plato de lejanos continentes; son los servicios como telefonía y luz que se repartieron por cómodas cuotas; son las carreteras que ya tienen dueño y cobran peaje por nada; son las tierras eriazas del Estado que pasaron a manos extrañas por kilómetro cuadrado. Son los puertos y aeropuertos enajenados, los cuarteles en remate, las Fuerzas Armadas indignas de llamarse peruanas, la policía convertida en mercenaria de las transnacionales.

¿Saben por qué no destinan más presupuesto a la educación? Porque quieren un país de gente que no razona, porque quieren gente que viva feliz mirando fútbol o “Esto es guerra”, o buscando por calles y cerros a los pokémones peruanos llamados “pishtacos” o “sacaojos”. (De todo eso hablamos en “Allin Kawsay y un proyecto histórico”, documento que puede ser descargado desde de la página web de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM: http://buenvivirunam.wixsite.com/unam/libros).

Ya se habla abiertamente sobre la vacancia de PPK y la instalación de un nuevo gobierno. Eso dijimos al principio de esta nota. ¿De dónde vendrá ahora el golpe de Estado? Dentro del fujimorismo ya se frotan las manos, pero si lo logra, no durará mucho tiempo porque no permitiremos la continuidad de la mafia. ¿De las Fuerzas Armadas? No lo creo. Allí ya no queda alguien que tenga el temple de Grau, Bolognesi, Cáceres o Velasco; solo quedan almirantes de tina y soldaditos de plomo. La Patria solo espera de las calles, donde se halla la reserva moral y espiritual del país. En todo caso, debe ser el tiempo de los pueblos y el fin de los dinosaurios de la política.

 

 

 

 

 

 

 

 

      

 

 

"Año del Buen Servicio al Ciudadano"